Si trazamos una línea imaginaria por la costa desde el cap de Begur hasta L'Escala, no solo estamos recorriendo uno de los perfiles litorales más espectaculares del Mediterráneo. Estamos, de hecho, leyendo un tratado de arquitectura a cielo abierto, lleno de cicatrices históricas.
Como arquitecto, cuando navego por esta fachada marítima, no puedo evitar fijarme en cómo la política, la guerra, la especulación y la necesidad han ido modelando el paisaje. Acompáñanos en este viaje de sur a norte a través de 10 puntos clave.
1. Cap de Begur: la megaestructura del Parador Nacional

Alzando la vista hacia Aiguablava, nos topamos con un cubo de hormigón blanco incrustado en el acantilado. Es el Parador Nacional de Begur, proyectado durante el franquismo e inaugurado en 1966 por el ministro Manuel Fraga Iribarne. El objetivo era doble: fomentar el turismo internacional e imponer una pieza arquitectónica del Estado en un territorio estratégico. El diseño original del arquitecto Raimon Duran Reynals intentaba adaptar la arquitectura mediterránea típica a la escala de un gran hotel estatal.
2. Pals: las antenas de la Guerra Fría

Dejando atrás las calas de Begur, la costa se abre en la larga playa de Pals. Hasta 2006 se alzaban allí inmensas antenas: era Radio Liberty, una emisora financiada por la CIA durante la Guerra Fría. Inaugurada en 1959 bajo un acuerdo secreto con Franco, su función era emitir propaganda anticomunista hacia la Unión Soviética. Una arquitectura no hecha para ser habitada, sino para transmitir ondas: un complejo militar camuflado entre pinos que hoy, desmantelado, deja una de las pocas zonas sin construir de este tramo.
3. La Pletera: la Marina d'Or que nunca fue

Al norte encontramos la desembocadura del río Ter y uno de los episodios urbanísticos más sorprendentes de la Costa Brava: La Pletera. Debía ser una ciudad jardín a pie de mar con capacidad para 12.700 habitantes. Tras la crisis posterior a Barcelona 1992, las obras quedaron paradas. El Ayuntamiento de Torroella de Montgrí impulsó entonces la desurbanización: entre 2014 y 2018, el proyecto europeo Life Pletera demolió el paseo inacabado, retiró las ruinas y restauró las lagunas y dunas. Hoy es una playa natural de siete kilómetros, refugio del fartet y del chorlitejo patinegro. La arquitectura de la renuncia como acto de valentía.
4. L'Estartit: el urbanismo vertical de los años 70

La llegada a L'Estartit nos golpea con una realidad muy distinta. Con la apertura al turismo de masas, la primera línea de mar se llenó de edificios altos de apartamentos buscando la máxima rentabilidad del metro cuadrado frente a las Islas Medas. Es la arquitectura del desarrollismo, funcional y densa, que transformó por completo el antiguo barrio de pescadores.
5. El origen escondido de los piratas
El Estartit original no estaba en primera línea de mar. El núcleo histórico principal era Torroella de Montgrí, tierra adentro. ¿El motivo? El miedo. Durante los siglos XVI y XVII, las Islas Medas eran refugio perfecto para piratas turcos y berberiscos que atacaban la costa. Las pocas construcciones originales eran masías fortificadas con torres de defensa, escondidas de la vista directa del mar para sobrevivir a las razias.
6. La base LORAN: los americanos en el Montgrí
L'Estartit guarda otro secreto militar. En el Alt de la Pedrosa, sobre el macizo del Montgrí, los Estados Unidos instalaron en 1961 la base LORAN (Long Range Navigation). Esta estación del servicio de guardacostas estadounidense controlaba el tráfico marítimo del Mediterráneo occidental durante la Guerra Fría. La arquitectura militar contrastaba con la vida del pueblo, donde los americanos se integraron aportando aire de modernidad y libertad en plena dictadura.
7. Les Freixes: el brutalismo hexagonal del Molinet

Al final del paseo del Molinet, donde el paseo marítimo termina y la roca del Montgrí domina el paisaje, se esconde un edificio que la mayoría de visitantes pasa por alto: Les Freixes, una de las joyas arquitectónicas más desconocidas de la Costa Brava. Construido en los años 70, en plena postdictadura, es un ejemplo puro de brutalismo mediterráneo: módulos hexagonales apilados, hormigón visto y una apuesta decidida por integrarse en la pendiente. Cada hexágono es un volumen independiente que se adapta a la topografía, creando terrazas escalonadas que dialogan con los acantilados. El programa Animals Arquitectes de 3Cat le dedicó un capítulo entero.
8. La demolición de 'La Bleda' para hacer el espigón

La historia del Molinet tiene una cicatriz profunda. La roca que hoy muchos llaman 'El Molinet' es, en realidad, lo que queda de una formación mucho mayor llamada 'La Bleda'. En 1947, para construir el primer espigón del puerto de L'Estartit, se decidió dinamitar aquella inmensa roca. Sus piedras se usaron como base del dique de contención. La arquitectura portuaria se hizo, literalmente, devorando el paisaje natural.
9. El espadado del Montgrí: la costa virgen
Pasado el Molinet y la punta de la Barra, se abre un tramo de costa impresionante que llega hasta L'Escala. Kilómetros de acantilados calcáreos, cuevas como La Foradada y calas inaccesibles (Cala Pedrosa, Cala Ferriol). Es la costa más brava de todas, donde la verticalidad de la roca ha impedido cualquier intento de construcción. Un recordatorio de que, a veces, la mejor arquitectura es la que la topografía hace imposible.
10. L'Escala y Sant Martí d'Empúries: el origen de todo

El viaje termina en L'Escala. Mientras el núcleo de L'Escala creció en los siglos XVIII y XIX como barrio de pescadores protegido de la tramontana, la verdadera joya arquitectónica está justo al lado: Sant Martí d'Empúries. Este pequeño pueblo amurallado, sobre un promontorio, fue el islote original (la Paleàpolis) donde los griegos foceos fundaron Emporion en el siglo VI a.C. El inicio del urbanismo racional en la península Ibérica.
Desde el franquismo hasta los griegos, pasando por la Guerra Fría, los piratas y una urbanización que se desurbanizó, la fachada marítima de Begur a L'Escala es mucho más que un paisaje bonito. Es nuestra historia esculpida en piedra y hormigón.
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